El Centro de Psicología Aplicada pretende desde su blog, Psicología ComPartidA, divulgar la psicología en la comunidad universitaria con la intención de promover la salud física y mental. Nuestro objetivo es acercar el conocimiento a través de la publicación de artículos del ámbito psicológico y compartir noticias de actualidad.

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domingo, 12 de noviembre de 2017

¿Estás aquí en este instante? Cómo centrarse en el momento presente

Fotografía: Ajusticenetwork, con licencia Creative Commons.
Habitualmente invertimos gran parte de nuestro tiempo pensando en el futuro: tareas pendientes, preocupaciones, planificaciones, etc. También reflexionamos sobre hechos de nuestro pasado: aquella discusión que tuvimos, el error que cometí y que me atormenta, las vacaciones del verano anterior, etc. Esta situación se ve además agravada por la omnipresencia tecnológica, que nos otorga la capacidad de estar en varios sitios a la vez. Pero, ¿cuándo dedicamos tiempo a estar en el presente, a estar en lo que hacemos?, ¿somos incapaces de estar aquí y ahora?
¿Qué pasa por no “estar” en el presente? ¿Tiene algo de malo?

Lógicamente, poder pensar en el futuro y en el pasado nos aporta importantes beneficios, dado que nos permite organizarnos y anticiparnos, así como aprender de nuestros errores y recordar situaciones agradables. El problema es cuando pasamos demasiado tiempo pensando sobre estos otros momentos, pudiendo aparecer problemáticas como la ansiedad y la depresión, entre otras.
En este contexto, en el que estar en el momento presente resulta cada vez más complicado, técnicas como el mindfulness van adquiriendo cada vez más protagonismo en nuestra sociedad.

¿Qué es el mindfulness?

Consiste en prestar atención o conciencia plena al momento presente, procurando no modificar ni juzgar lo que se siente o se percibe. Es decir, se busca que la persona que lo practica mantenga un rol de observador.

En el mindfulness, al contrario de lo que muchas veces se cree, no se trata de dejar la mente en blanco sino de sentir y percibir lo que ocurre aquí y ahora.

¿Qué beneficios tiene centrarse en el presente?

Entre otros muchos beneficios, destacamos una mejor focalización atencional, la reducción de los niveles de estrés y ansiedad (al dejar de anticipar y estar en varias tareas simultáneamente) y el mayor conocimiento y aceptación de nuestros eventos privados, que facilita su regulación.
Igualmente, al desconectar el “piloto automático” conseguimos aumentar el disfrute de nuestras actividades cotidianas.
¿Y cómo puedo empezar yo a practicar mindfulness?

Antes de nada, es importante tener en cuenta que mientras hacemos este tipo de ejercicios inevitablemente nuestra cabeza se irá a otro sitio y pensaremos en diferentes cosas. Cuando esto ocurre, lo conveniente es ser amable con uno mismo (no enfadarse, frustrarse o juzgarse), entender que es algo habitual y volver a centrar la atención en donde queremos tenerla. Asimismo, trataremos de aceptar experiencias desagradables que podamos sentir sin tratar de evitarlas.
Con respecto a las prácticas iniciales, tenemos varias opciones:
  • ·        Respiración

Cuando se empieza a practicar la atención plena se recomienda emplear la respiración como elemento a observar. Puedes sentarte de forma cómoda, con la espalda apoyada, y comenzar a observar cómo el aire entra y sale de tu cuerpo, sin tratar de modificar el ritmo de tu respiración. Como comentábamos antes, cuando aparezcan pensamientos distractores vuelve tranquilamente a atender a tu respiración. Empieza por tiempos cortos (5-10 minutos) y ve aumentándolos. Si eres una persona activa, también puedes practicar este ejercicio caminando.
  • ·        Body Scan

Otra práctica muy extendida consiste en efectuar un “escaneo corporal”, tanto en posición sentada como tumbada. Ve explorando cada parte de tu cuerpo y detente en ella, observando las sensaciones y sin querer modificar nada: ¿está tensa?, ¿dónde está apoyada?, ¿está en contacto con tu ropa? Cuando hayas terminado con esa zona, pasa a otra área.
  • ·        Actividades cotidianas

Hay multitud de actividades que realizamos con el “piloto automático”, como comer, lavarse los dientes, fregar o andar. De hecho, muchas veces compaginamos las actividades cotidianas con otras: comer viendo la televisión o repasando el examen que tenemos después, andar usando el WhatsApp o fregar mientras hablamos con alguien.  
Para poder prestar atención plena en estas y otras actividades, lo recomendable es que vayas prestando atención a tus cinco sentidos: ¿qué ves?, ¿qué forma tiene lo que ves?, ¿de qué color es?, ¿oyes algo?, ¿qué siente tu cuerpo?, ¿qué tacto tiene?, etc.

Recuerda que, como cualquier aprendizaje, conseguir atender al presente requiere constancia y esfuerzo. Así que ármate de paciencia y verás cómo los cambios se van dando progresivamente. Por último, como siempre, te esperamos en los comentarios del blog para cualquier duda o sugerencia.

Cristina Aristimuño de las Heras – Terapeuta del CPA.

Bibliografía recomendada:

Lavadilla, M., Molina, D. y López, B. (2008). Mindfulness o cómo practicar el aquí y el ahora. Barcelona: Ediciones Paidós.


Siegel, R. D. (2010). La solución mindfulness. Bilbao: Descleé de Brouwer.

lunes, 6 de noviembre de 2017

“MAMÁ, PAPÁ, ¡NO QUIERO TENER UN HERMANITO!”: LOS CELOS INFANTILES

Los celos se definen como una emoción compleja, formada por el miedo, la tristeza, la rabia y la autocrítica, que surge como consecuencia del temor del niño a perder el afecto de sus padres. Son diversas las situaciones que pueden ocasionar que el menor experimente dicha emoción; entre ellas, el nacimiento de un hermano. Mientras que para los progenitores la llegada de un nuevo miembro a la familia es motivo de júbilo, dicho acontecimiento puede convertirse en una fuente de malestar para el menor y ocasionar que viva este episodio con tristeza, desasosiego e, incluso, sensación de abandono.

Son diversas las estrategias que los padres pueden poner en marcha con el propósito de prevenir la aparición de los celos y fomentar que el menor aprenda a compartir el afecto y la atención de los padres con su hermano. Algunas de ellas son las siguientes:

DURANTE EL EMBARAZO
-  Informar al menor de la llegada de un nuevo hermano desde el inicio del embarazo.
-  Mantener sus rutinas y hábitos (horario para dormir, aseo y comida).
-   En el caso de que el niño deba cambiar de habitación, anticipar dicha circunstancia con cierta antelación, con el propósito de que no asocie el cambio de habitación con la llegada del bebé y se sienta desplazado.
-   Hacerle partícipe de los preparativos para la llegada del nuevo hermano (por ejemplo, dejarle opinar sobre la nueva habitación, ayudar en el montaje de la cuna, elegir su ropa, etc.).
-   Ajustar las expectativas que el menor ha creado acerca del bebé: hablarle de cómo era él cuando era un bebé e, incluso, mostrarle fotos y objetos que le pertenecieron, con el propósito de evitar comentarios del tipo “Es muy feo”, “No sabe jugar conmigo” o “Sólo sabe llorar” cuando el nuevo miembro llegue a casa, verbalizaciones que constituyen una prueba evidente del rechazo hacia su hermano porque no cumple con sus expectativas.

DURANTE LA ESTANCIA HOSPITALARIA
-   Preparar con antelación con quién se quedará el menor el día del parto e informarle al respecto.
-   Es recomendable que el niño acuda a visitar a su hermano al hospital. Si no es posible, procurar la comunicación telefónica entre la madre y el menor.

CONVIVENCIA DIARIA
-   Mostrar afecto y atención al menor de manera frecuente para que perciba que es querido.
-   Reconocer el comportamiento celoso como una reacción natural.
-   Hacer caso omiso de los comportamientos inadecuados manifestados por el niño. Entre dichas conductas destacan desobedecer a los padres, mostrarse inquieto cuando se está atendiendo a su hermano,  incordiar deliberadamente al bebé (despertarle de su sueño, quitarle el chupete, etc.) o mostrarse agresivo (insultar, golpear e, incluso, agredir físicamente).
-   Reforzar su estatus de hermano mayor, responsabilizándole del cumplimiento de tareas simples relacionadas con el bebé como, por ejemplo, comprobar si duerme o está despierto, si hace frío o calor en la habitación, etc.
-   Hablar con él acerca de cómo le ha afectado la llegada del bebé y educarle en el control de sus emociones (aprender a tolerar la frustración, responder ante situaciones ansiógenas de manera adecuada, etc.).
-   Evitar comentarios del tipo “¡Cuidado con tu hermano!” ante los intentos de aproximación del menor al recién nacido, los cuales favorecen que refuerce su idea de que “su hermano es más valioso que él”.
-   Evitar en presencia del menor temas de conversación que se centren exclusivamente en el bebé.


En definitiva, los comportamientos celosos son reacciones naturales propias de la edad, las cuales contribuyen a la maduración e independencia de los menores. A la hora de intervenir sobre dicha problemática, el afecto, la atención y la seguridad proporcionadas por los progenitores resultan fundamentales, además de la aplicación de las estrategias adecuadas. Esto permitirá que los celos iniciales vayan remitiendo progresivamente, dando paso a una relación saludable entre hermanos entre cuyas características fundamentales destaca el respeto mutuo. Aun así, si una vez transcurrido un intervalo de tiempo razonable, estos comportamientos no desaparecen, es conveniente recurrir a la ayuda de un profesional. ¡En el CPA podemos ayudarte! 

Fotografía: Diego Mena, con licencia Creative Commons

Por último, y como de costumbre, nos gustaría saber vuestra opinión al respecto: ¿En alguna ocasión habéis empleado alguna de estas estrategias ante determinados comportamientos celosos de vuestros hijos? ¿Han resultado eficaces? ¡Os esperamos en los comentarios!

Irene Álvarez Ossorio – Terapeuta del CPA

Referencias bibliográficas:
-        De Santiago, F. J. y García, M. (1998). Los celos infantiles. Revista Padres y Maestros, 234, 10-13.
-        Hidalgo, E. (2010). Los celos infantiles. Revista Enfoques educativos, 55, 168-177.
-        Recuero, R. y Bonet de Luna, C. (2005). Los celos infantiles. Revista Pediatría de Atención Primaria (7), 27, 53-61. 

lunes, 30 de octubre de 2017

Carta abierta al Sufrimiento

Estimado Sufrimiento:

Buenos días. Me pongo en contacto con usted quizá por última vez. No me malinterprete, esto no es un “adiós”, ni tan siquiera un “hasta luego”. Nos veremos a menudo, eso lo sé, pero voy a dejar de escribirle y, en la medida de lo posible, de prestarle atención.

Naturalmente, usted se preguntará por qué he tomado esta decisión después de tantos años de relación. Usted y yo nos conocimos desafortunadamente siendo yo muy jovencito, que fue cuando comencé a escribirle pidiéndole que, con la mayor premura posible desapareciera de mi vida. Habitualmente usted contestaba con una gran cantidad de consejos, de cosas que debería hacer o dejar de hacer para no volver a verle el pelo nunca más. Tenía tantas ganas de perderle de vista que me tomaba sus pautas al pie de la letra e incluso se las agradecía. Le agradecí que me recomendara no hablar con aquellos chicos, por si se reían de mí. Le agradecí que me previniera de decir “no” alguna vez a alguien, por si eso hacía que dejaran de quererme. Le agradecí su recomendación de no presentar aquel Curriculum, por si les parecía escaso o por si pensaban que yo era un fracasado.

Le estuve agradecido hasta que me di cuenta de algo. Sentía tanta necesidad de aquellos consejos y advertencias que no caí en la cuenta de algo enormemente obvio: usted nunca se iba. Es verdad que dejábamos de vernos durante breves espacios de tiempo, pero nunca se llegó a ir. Y no solo eso sino que usted, con todas aquellas advertencias y pautas, había controlado todos los ámbitos de mi vida. Advertí también que ya no solo nos encontrábamos ocasionalmente, sino que era yo quien le buscaba a usted constantemente pidiéndole más consejos para no volver a verle. Paradójico ¿verdad? Había dejado de tomar decisiones libremente, e incluso había dejado de preguntarme qué me ilusionaba o qué me apetecía hacer. Vivía solo para conseguir evitarle.

Estuve tentado, tras darme cuenta de todo ello, de odiarle a usted y de odiarme a mí mismo por haber estado tan ciego y por haber cometido el error de confiar en usted. Pero luego caí en la cuenta de que usted solo hacía su trabajo y lo hacía de manera eficaz. Creo de verdad que ha intentado protegerme de usted mismo y creo que, en parte, lo ha conseguido. Ha habido múltiples ocasiones en las que usted y yo no hemos llegado a coincidir gracias a sus maravillosos consejos y le estoy agradecido por ello.

Sin embargo, le escribo porque ya no los quiero. Sus servicios son excelentes, qué duda cabe,  pero el precio es demasiado caro ya que los tengo que pagar con mi vida. Le diría que no es nada personal, pero creo que en este caso no hay nada más personal. Espero que lo entienda.

Me imagino su cara al leer estas líneas. Le imagino impasible ante el papel, dando por hecho que tiene la sartén por el mango. De hecho, sonríe de lado pensando “¿Y éste qué se cree, que porque a él le apetezca se va a poder librar de mí, así, por su cuenta? ¿No se le ha ocurrido pensar que yo siempre voy a estar ahí? ¿Qué a mí no se me despista tan fácilmente?”.

Querido amigo, como le decía al principio de la carta, esta es la última vez que me pongo en contacto con usted. Tengo claro que no se va a ir nunca, que necesariamente nos encontraremos a lo largo de mi vida. Es más, hay situaciones en la vida que no me imagino sin que usted esté presente porque es su trabajo. Lo que cambia es que yo voy a dejar de buscarle y de evitarle. Lo que cambio es que ya no quiero resignarme a sobrevivir a nuestros encuentros. Lo que cambio es que sé que nos volveremos a ver las caras y que ello no me va a matar porque mi vida ya no le pertenece. Me pertenece a mí, y voy a luchar por ella.

Hasta que nos volvamos a ver, querido compañero.

Un abrazo.
Fotografía Kartikay Sashay, con licencia Creative Commons




Nota del autor:

Hay algo que nos une a todas las personas del planeta: el sufrimiento. A nadie le gusta sufrir, y por eso hacemos todo lo que esté en nuestra mano para evitar experimentar esta sensación tan desagradable. “Evitar aquello que no nos gusta” es una regla que funciona muy bien para sentirse mejor la mayoría de las veces, como cuando te sube una araña por el pantalón y la apartas de un manotazo, o como cuando cierras la ventana para aislarte del ruido de la calle.

Sin embargo, cuando hacemos algo con el objetivo de evitar sufrir ¿realmente que conseguimos? Al principio, cuando evitamos aquello que nos produce malestar, nos sentimos aliviados momentáneamente. Sin embargo, ese malestar siempre vuelve y ya no solo sufrimos por ello, sino que obtenemos sufrimiento extra por no saber/poder expulsar definitivamente ese sufrimiento. Efectivamente, conseguimos sufrir por partida doble.

Esta regla presenta otro inconveniente: si ponemos toda la atención en intentar dejar de sentirnos mal ¿qué espacio dejamos para encontrar aquello que nos hace sentir bien, lo que nos ilusiona, lo que nos hace disfrutar? Efectivamente, cada vez menos. Parece que la regla de “evitar lo que no nos gusta” no nos está ayudando, sino que más bien nos está enterrando.

El camino que propone esta carta es el de dejar de huir o luchar contra el sufrimiento y aceptarlo como parte inseparable de la vida. Por tanto, no trata sobre resignarse a sufrir, sino de trasladar la atención hacia cosas que den valor a nuestra vida porque nos hacen sentir bien y porque esta vez somos nosotros quienes las eligen.

¿Qué os ha parecido la carta? ¿Cuál es el camino que vosotros escogéis? Como siempre, os esperamos en los comentarios.


Eduardo Alonso - Terapeuta del CPA.






domingo, 22 de octubre de 2017

¡Sálvese quien pueda, los mensajes positivos nos persiguen!


Fotografía: Hada del lago, con licencia Creative Commons.

Seguramente hayas visto que hoy en día nos rodean por todos lados multitud de mensajes positivos que nos transmiten la idea de que nuestro día sea el mejor, o de que todo lo que nos propongamos estará a nuestros pies para conseguirlo. Lo vemos en bolígrafos, en agendas, en tazas, en frases junto a fotos en nuestras redes sociales… nos acompañan allá donde vamos. Parece que el único fin de estos mensajes es mostrarnos las ventajas de alcanzar la felicidad suprema, y motivarnos para que todos queramos alcanzarla pero, ¿qué puede haber de malo en esto? Vayamos un paso más allá.

Desde pequeños hemos aprendido a expresar como nos sentimos a través de las emociones, cumpliendo cada una de ellas una función. Así, las emociones positivas tales como la alegría, la satisfacción…están asociadas a conductas de aproximación y a la percepción de oportunidades, que permiten a las personas que las alcancen a través del aprendizaje. En el otro lado están las emociones negativas como la tristeza, la ira o la frustración, que nos permiten ante determinados sucesos poder enfrentarnos a ellos y aprender de los mismos, cumpliendo tanto las emociones positivas como las negativas una función adaptativa.


Podemos ver un ejemplo de esto en la película Del Revés (Inside Out) de Pixar que habla del papel que cumplen las emociones en la vida de la protagonista, quien junto a su familia se traslada a una nueva ciudad por motivos laborales de su padre, dejando atrás a sus amigos y el lugar donde ha crecido, teniendo un impacto negativo para ella. Más allá de hablar de la película, hay un aspecto que nos interesa especialmente y es el papel que se le da a una emoción en concreto: la tristeza, representada de color azul.


Fotografía: BagoGames, con licencia Creative Commons

La tristeza es una emoción que ha tenido y tiene una ventaja evolutiva, nos permite enfrentarnos a las pérdidas y adaptarnos a la nueva situación que suponen, estando implicada en nuestra toma de decisiones.

El hecho de querer alcanzar la felicidad máxima o estar feliz en todo momento, hace que en ocasiones podamos frustrarnos cuando no lo conseguimos, pudiendo generar una serie de desventajas, entre ellas:
  • No dejar hueco para que las emociones como la frustración, la incertidumbre o la tristeza, cumplan su función adaptativa. Popularmente se suele decir que, a veces, tenemos que equivocarnos para poder aprender, y es como consecuencia de estas situaciones donde aprendemos a gestionar los momentos complicados de nuestra vida.
  • Evitar sentir estos estados emocionales puede generar que percibamos unas circunstancias que no son ajustadas a la realidad, pues la verdad es que a veces existen momentos complicados y sentir estas emociones nos ayuda a afrontarlos y, sobre todo, a aprender, a no cometer el mismo error en el futuro o a saber gestionarlo en caso de que vuelva a ocurrir esa situación.
  • Creer que vamos a ser felices siempre o a conseguir todo lo que nos propongamos, nos hará difícil entender que en ocasiones no vamos a poder conseguirlo, generándonos frustración y malestar.

Pese a la importancia de permitirnos sentir todo tipo de emociones y de la utilidad de sentir emociones negativas en aquellas ocasiones en las que son necesarias, hay que conocer dónde está el límite. Si estas emociones negativas se intensifican, se mantienen a lo largo del tiempo y te generan un malestar intenso sin estar vinculadas a situaciones estresantes, puede indicar que han perdido su utilidad adaptativa y que podría ser conveniente solicitar ayuda psicológica. Si es así, en el CPA podemos ayudarte.

Nos gustaría finalizar esta entrada queriendo conocer vuestra opinión: ¿Cuál es vuestro punto de vista sobre este tema?, ¿Hay algo con lo que no estéis de acuerdo? Estaremos encantados de que lo compartas con nosotros en los comentarios de esta entrada.

Elena Ballesteros Guerrero – Terapeuta del CPA.

Bibliografía recomendada:

- Pedrosa, L. P. (2016). Estudio de las emociones en los personajes animados de Inside Out. Revista Mediterránea de Comunicación/Mediterranean Journal of Communication, 7(1), 31-45.

- Antonio, J. (2012). Afectividad positiva y personalidad. En J. Bermúdez, A.m. Pérez-García, J.A. Ruiz, P. Sanjuán y B. Rueda (Eds). Psicología de la Personalidad. (pp.291-328). Vizcaya, España: UNED.

lunes, 16 de octubre de 2017

¿Qué es la anorgasmia?


Fotografía: Virginia Wonka, con licencia Creative Commons

Hace unos meses publicamos una entrada en la que revisábamos distintos problemas sexuales femeninos (ver entrada aquí). Esta semana, queremos dedicar nuestra publicación a hablar sobre una de las disfunciones sexuales más frecuentes entre las mujeres – la anorgasmia femenina.

Pero, ¿qué es la anorgasmia? El concepto se define como un retraso o ausencia de orgasmo, habiendo experimentado previamente la mujer tanto el deseo como la excitación. Además, el problema debe persistir durante un mínimo de 6 meses. Entre la población femenina, la anorgasmia la experimenta un 16% - 30% de las mujeres. No obstante, la dificultad para alcanzar el orgasmo es un problema tan frecuente que todas, en algún momento de nuestra vida, hemos experimentado (o experimentaremos) dificultades para lograrlo, pese a que no pueda clasificarse como una disfunción sexual.

Cuando hablamos del orgasmo (o falta de éste), a menudo lo asociamos con el coito. Sin embargo, tanto la anorgasmia como cualquier otra disfunción sexual no tiene por qué referirse únicamente a las relaciones sexuales mantenidas en pareja, ya que también hablamos de anorgasmia cuando la mujer que es incapaz de alcanzar el orgasmo durante la masturbación. Por otra parte, puede darse el caso de que la mujer nunca haya experimentado un orgasmo o que el problema se limite a un contexto más concreto (por ejemplo, la pareja actual).

En la publicación anterior mencionamos la importancia del papel que juega la ansiedad en la aparición o en el mantenimiento de los problemas sexuales. También presentamos un ejemplo de cómo una sola relación sexual insatisfactoria, a causa de la ansiedad generada y la indiscutible influencia de los pensamientos anticipatorios, puede convertirse en un problema. No obstante, aunque la ansiedad sea un factor cuya influencia parece irrefutable, existen otras variables que determinan el desarrollo o la gravedad de la anorgasmia.

Algunos de estos factores de carácter social serían:
  • La educación recibida por parte de la familia o la escuela: si la mujer ha crecido en un ambiente, donde lo relacionado con el sexo se consideraba un tema tabú o incluso una conducta inapropiada, es más probable que se muestre inhibida, avergonzada o incluso culpable, lo cual dificultará que disfrute de las experiencias sexuales y alcance el orgasmo.
  • La religión – sería un factor directamente relacionado con el punto anterior. Al ser el sexo un comportamiento castigado por algunas religiones, una mujer creyente que disfruta de las conductas sexuales satisfactorias podría desarrollar el sentimiento de culpabilidad así como ocultar dichas prácticas ante el colectivo religioso al que pertenece, aumentando así la sensación de estar cometiendo un pecado.
  • La desinformación – aunque estemos avanzando mucho en este sentido gracias a las charlas informativas y talleres realizados en los colegios, todavía queda mucho camino por recorrer. Se enfatiza sobre todo la importancia de las conductas sexuales seguras como el uso de los anticonceptivos, pero raramente se aborda la satisfacción de uno con dichas conductas o la necesidad de auto-conocimiento, de la aceptación de nuestro cuerpo o de una actitud respetuosa hacia las preferencias sexuales de los demás – reflexiones imprescindibles para disfrutar de una vida sexual plena.
  • Los intereses de las industrias “eróticas”– los macronegocios del sector (por ejemplo, el mundo de la pornografía) han contribuido en la aparición de algunos estereotipos, como el varón sexualmente hiperactivo o la mujer multi-orgásmica, que al no ajustarse a la realidad y crear falsas expectativas, a menudo acaban desencadenando en conflictos inter e intra personales.
La influencia de la sociedad parece jugar un papel incuestionable en la generación de ciertos problemas sexuales. Todavía demasiadas mujeres tenemos un concepto negativo de nosotras mismas por no parecernos a las celebrities que admiramos en las portadas de las revistas, nos sentimos culpables por haber mantenido relaciones sexuales con “demasiadas” parejas o por vergüenza jamás hemos explorado nuestro cuerpo para descubrir nuestras necesidades, tanto para satisfacerlas nosotras mismas como para transmitírselas a nuestro compañero/a sexual.

A menudo nos olvidamos de que la sexualidad es algo íntimo y privado, es diferente en cada individuo y cada uno la disfruta a su manera. El sexo, sea en pareja o en solitario, no es una obligación ni hay maneras correctas o incorrectas de vivirlo. 
Fotografía: Virginia Wonka, con licencia Creative Commons

A lo largo de este curso iremos retomando la temática de los problemas de carácter sexual, tanto femeninos como masculinos. Así que, si te interesa el tema, te animamos a que sigas nuestro blog y estés pendiente de nuestras próximas publicaciones. También puedes revisar las entradas anteriores que tratan al respecto, como la mencionada al principio. Además, estaríamos encantados de leer en los comentarios las sugerencias sobre los temas relacionados que te gustaría encontrar en las futuras publicaciones de nuestro blog.  

¿Te has sentido identificada al leer esta entrada, o estás pasando por cualquier otra dificultad en el ámbito de tu vida sexual? Recuerda que la terapia psicológica puede ayudar en este tipo de problemas. En el CPA tenemos una Asesoría de orientación sexológica gratuita y confidencial que atiende consultas sobre cualquier aspecto de la sexualidad. Para más información podéis consultar la siguiente página (apartado de asistencia y servicios): https://www.uam.es/centros/psicologia/paginas/cpa/paginas/

Kaja Chmielowiec – Terapeuta del CPA

Bibliografía recomendada:

Navarro, Y. y Torrico, E. (2005). Trastorno orgásmico femenino. Psiquiatría Noticias, 7, 27-32
Farré, J. M. y Lasheras, M. G. (2008). Disfunciones sexuales de origen no orgánico. Trastornos femeninos. En Tratado de Psiquitría [versión electrónica]. Recuperado de: http://www.psiquiatria.com/tratado/cap_29.pdf