El Centro de Psicología Aplicada pretende desde su blog, Psicología ComPartidA, divulgar la psicología en la comunidad universitaria con la intención de promover la salud física y mental. Nuestro objetivo es acercar el conocimiento a través de la publicación de artículos del ámbito psicológico y compartir noticias de actualidad.

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domingo, 14 de enero de 2018

¡Tranquilo/a! Es un ataque de pánico

¡Ya estamos de vuelta! ¿Qué tal has pasado la Navidad? Puede que seas de los que odian esa época, las reuniones familiares, largas colas en las tiendas y ver a Papa Noel allá donde mires. O, por lo contrario, te encanta el periodo navideño, te pones jersey con renos y cantas villancicos, pero los exámenes de enero no te permiten disfrutarlo como te gustaría.

Seas del grupo que seas, es una época del año complicada para muchas personas, y puede que, en algún momento, hayas experimentado malestar, sensaciones fisiológicas intensas y se te hayan pasado por la cabeza pensamientos como “¿qué me está pasando, es normal esa taquicardia o me está dando un infarto?”. Si te resulta familiar o conoces a alguien a quien le haya pasado, sabrás que podemos estar ante lo que definimos como un ataque de pánico.

 Fotografía: Una cierta mirada, con licencia Creative Commons


Un ataque de pánico se define como un miedo intenso, malestar elevado y sensación de peligro, acompañados de sensaciones fisiológicas como taquicardia, mareo, sensación de ahogo, sudoración, etc. Ante el malestar experimentado, la persona suele realizar conductas como escaparse de la situación, poner fin a la fuente del malestar o distraerse. Ciertas variables (el contexto, la intensidad del ataque, la interpretación de éste, etc.) pueden contribuir a que esta experiencia afecte negativamente a la persona, interfiriendo en su vida de manera significativa. Aparece una preocupación constante por sufrir un nuevo ataque y miedo ante posibles consecuencias catastróficas de éste. También pueden generalizarse los contextos que la persona identifica como desencadenantes de los ataques, por ejemplo, si ha sufrido un ataque de pánico en el metro, tendrá miedo y puede que evite usar todos los medios de transporte público con características parecidas (bus, tren, tranvía, etc.). 
A continuación, te dejamos un resumen de los aspectos más importantes de los ataques de pánico: 

¿Qué puede pasar?
·   Experimentar miedo, malestar, preocupación, sensación de peligro, etc.
·   Sentir sensaciones fisiológicas como: mareo, taquicardia, sudoración, temblores, sensación de falta de aire o ahogo, nudo en el estómago, tensión muscular, opresión en el pecho, nauseas, hormigueo, escalofríos...
·   Pensar: “me está dando un infarto, me voy a desmayar, haré el ridículo, me estoy volviendo loco, qué vergüenza, ya se están fijando en mí…”
¿Cuándo y dónde?
Es una pregunta imposible de responder, ya que podemos sufrir un ataque de pánico en cualquier momento y lugar. No obstante, a menudo la gente relaciona estos ataques con un sitio concreto, un momento del día o incluso la presencia de alguien, por lo que puede anticipar la aparición de éste.
¿Qué hago normalmente?
La primera respuesta, casi automática, que llevamos a cabo es escaparnos del contexto en el que se está desarrollando el ataque de pánico, poniéndole así fin al malestar que experimentamos en ese momento. Si no podemos irnos de la situación, por lo menos intentaremos distraernos y centrar nuestra atención en otra cosa. En el futuro, evitaremos este tipo de situaciones.
¿Qué error cometo?
Escapándonos o evitando la situación, a corto plazo efectivamente conseguimos disminuir el malestar que experimentamos, por lo que es normal que nuestra primera reacción sea así. No obstante, a largo plazo no desarrollamos las estrategias adecuadas para afrontar nuestro problema. Éste persiste o incluso empeora, ya que acabamos temiendo y evitando cada vez más contextos, con tal de prevenir cualquier posibilidad de sufrir un nuevo ataque de pánico. Además, a menudo a lo que realmente tememos son nuestros pensamientos y anticipaciones que generamos. No llegamos a comprobar si las consecuencias temidas realmente son ciertas y si son tan horribles como nos las imaginamos (¿realmente acabaríamos teniendo un infarto o nos desmayaríamos si no llegásemos a escaparnos?)
¿Qué debo hacer?
La respuesta es: exponte. Quédate haciendo la tarea que estabas realizando en ese momento. Lo mejor de la ansiedad es que dura un tiempo limitado por lo que tal y como ha venido, se irá. Primero subirá, hasta alcanzar un pico que puede durar un tiempo, pero antes o después bajará. Sin la necesidad de escaparte o distraerte. Y podrás comprobarlo sólo si te quedas y te atreves a exponerte a todas esas sensaciones indeseadas que queremos evitar a toda costa. Así comprobarás de primera mano que todo lo que tanto temes (desmayarte, hacer el ridículo, morir) en realidad no pasa. Además, es muy importante lo que piensas en ese momento: céntrate en lo que realmente sientes (“tengo taquicardia”) y no permitas que los pensamientos catastrofistas se apoderen de ti (“me está dando un infarto”). Puede resultar beneficioso mandarnos mensajes como “esto, tal y como ha empezado, acabará”, “estoy sintiendo taquicardia pero esto no implica nada más allá que mi corazón late más deprisa”, “puedo con esto porque ya lo he superado antes”, “es desagradable pero cada vez me pasa menos y lo controlo mejor”, etc.
Nota: empezar a exponerte a las sensaciones fisiológicas que temes puede resultar complicado y debe hacerse en condiciones adecuadas. Buscar ayuda profesional y acudir a terapia para aprender a manejar los ataques de pánico, acompañado de un experto, es la opción más recomendada.




Así que, si alguna vez experimentas las sensaciones descritas en esta entrada, ya sabes, ¡tranquilo/a!, es un ataque de pánico y tal como viene, se va. Con la diferencia de que ahora ya sabes cómo actuar para hacerle frente.

Si te apetece saber más sobre el tema, puedes consultar el Protocolo de intervención clínica para los problemas de pánico y agorafobia (http://www.uam.es/centros/psicologia/paginas/cpa/paginas/doc/documentacion/rincon/protocolo_panico_agorafobia.pdf) o el videoblog ¿Qué es la ansiedad? (https://www.youtube.com/watch?v=I26zZsIzsyM&t=) realizado por el equipo del CPA. Como siempre, si la problemática tratada en esta entrada te causa malestar y afecta negativamente a tu vida, no dudes en contactar con nosotros, ya que, en el CPA, contamos con profesionales cualificados que podrán ayudarte.

¡Esperamos que te haya resultado útil!

Kaja Chmielowiec – Terapeuta del CPA.

Bibliografía recomendada:

Calero, A. y Bados, A. (2010). Protocolo de intervención clínica para los problemas de pánico y agorafobia. Madrid: UAM. 

lunes, 11 de diciembre de 2017

BULLYING: CÓMO RECONOCER Y ACTUAR FRENTE AL ACOSO ESCOLAR

Las relaciones que los niños y adolescentes establecen con su entorno más cercano (familia, escuela, vecindario, etc.) son imprescindibles para un adecuado desarrollo emocional, social y cognitivo. Sin embargo, las relaciones humanas implican conflictos; siendo el acoso escolar un claro ejemplo de este tipo de disputas.
Son diversos los estudios que evidencian la tendencia ascendente de este tipo de comportamientos. Entre ellos, la investigación realizada por la Fundación ANAR en el año 2016 concluye que 1.207 niños y niñas españoles se vieron envueltos en alguna situación de bullying en su centro educativo, lo cual supone un aumento del 87,7% en el último año.

Los padres y profesores son las personas con las que los menores invierten una mayor cantidad de tiempo. Por ello, resulta imprescindible que conozcan los comportamientos que caracterizan a las víctimas de acoso escolar, así como el modo de intervenir ante este tipo de situaciones.

Fotografía: Pimkie, con licencia Creative Commons

Cómo reconocer una situación de acoso escolar (profesores):
VÍCTIMA
AGRESOR
-    Se muestran tristes e indefensos
-    Se ausentan a menudo del colegio
-    Presentan marcas, rasguños, golpes, etc.
-    Sus interacciones con los compañeros de clase se ven disminuidas
-    A menudo manifiestan que alguna de sus pertenencias ha desaparecido (comida, material escolar, etc.)
-    Se observan cambios en su comportamiento en clase (se muestran más introvertidos, menos participativos, su rendimiento académico baja, etc.)
-      Con frecuencia forman parte de peleas, disputas y enfrentamientos
-      Se comportan de manera agresiva
-      Llevan a cabo agresiones físicas, verbales, psicológicas y exclusión social

Cómo prevenir una situación de acoso escolar (profesores):
Ø  Atender a los comportamientos anteriormente descritos, con el propósito de identificar una posible situación de acoso escolar.
Ø  Evitar subestimar, reforzar o fomentar las situaciones de violencia entre iguales que puedan sucederse en clase (no reírse ante un mote o acusar a un alumno de “soplón” por comunicar una posible situación de acoso escolar).
Ø  Adoptar una actitud cercana con los alumnos, mostrar interés y preocupación por ellos.
Ø  Fomentar la cohesión grupal con actividades cooperativas que, a su vez, promuevan el respeto a los derechos del resto del alumnado, tales como la elaboración de las normas de convivencia del centro.
Ø  Realizar actividades, dinámicas grupales o juegos que fomenten el desarrollo de una adecuada autoestima, la empatía, el autocontrol emocional, la adecuada resolución de conflictos y la conducta asertiva entre el alumnado.

Cómo actuar en el caso de haber detectado una situación de acoso escolar (profesores):
Ø  Antes de dar por hecho la situación de acoso escolar, recabar más información sobre lo ocurrido.
Ø  Hablar con las partes implicadas en lo sucedido (víctima, agresor y espectadores).
Ø  Trabajar el conflicto en clase.
Ø  Informar de la situación al equipo directivo y orientador.
Ø  Hablar tanto con la familia de la víctima como del agresor.
Ø  Valorar la posibilidad de ofrecer a la víctima apoyo psicológico.
Cómo reconocer una situación de acoso escolar (padres):
Además de las señales anteriormente descritas, resulta conveniente estar atentos a la presencia de:
VÍCTIMA
-        Insomnio
-    Pérdida de apetito
-    Cambios de humor
-    Pasar mucho tiempo en casa y no salir con amigos
-    Cambio repentino en la forma en que el menor se habla a sí mismo –refiriéndose a sí mismo como “perdedor” o “fracasado”-
-    Poner excusas para faltar al colegio de forma recurrente (por ejemplo, fingiendo estar enfermo). En algunas ocasiones, pueden aparecer síntomas psicosomáticos como vómitos o dolores de cabeza

Cómo prevenir una situación de acoso escolar (padres):
Ø  Atender a los comportamientos anteriormente descritos.
Ø  Inculcar al menor la importancia del respeto a los demás y a sus diferencias, el compañerismo, la solidaridad y la ayuda.
Ø  Enseñarle a resolver conflictos de forma constructiva (la mediación y negociación como medios de resolución de conflictos sin violencia).
Ø  Conocer a los integrantes de su grupo de amigos.
Cómo actuar en el caso de haber detectado una situación de acoso escolar (padres):
Ø  Escuchar atentamente al menor: los niños víctimas de acoso escolar únicamente hablan de su situación cuando tienen absoluta certeza de que van a ser escuchados y ayudados.
Ø  Al hablar con el menor acerca del incidente, explicarle que los conceptos “delatar” y “soplón” son etiquetas negativas que pueden utilizarse para disuadir a los niños de informar sobre una agresión.
Ø  Informar a la escuela de lo sucedido y trabajar conjuntamente con ella.

Referencias bibliográficas:

-        Barajas, M., Caballero, M., Martín, M. V. y Ramos, A. E. (2016). Estudio sobre acoso escolar y ciberbullying. Guía del profesor. Madrid: Fundación ANAR

-         Merayo, M. M. (2013). Acoso escolar. Guía para padres y madres. Madrid: CEAPA


Irene Álvarez Ossorio – Terapeuta del CPA


lunes, 4 de diciembre de 2017

Siete trucos eficaces para perder el miedo a hablar en público

La demanda de tener que hablar en público supone una enorme fuente de ansiedad para una gran parte de la población. De hecho seguramente tú recuerdes la primera vez que tuviste que hablar frente un grupo de personas y puedas recordar haber experimentado en mayor o menor medida algunos síntomas de ansiedad como la sequedad bucal o la respiración acelerada.

Cuando nos ponemos delante de un grupo de personas nos convertimos necesariamente en un objeto de evaluación, lo cual nos llevará a pensar ¿Y si me pongo nervioso? ¿Y si hago el ridículo? ¿Y si se aburren? ¿Y si…? Anticipar todos estos escenarios nos llevará a un estado de ansiedad que probablemente nos dificulte salir de esta situación de manera exitosa. Si despejamos la incógnita llegaremos a la pregunta del millón: ¿QUÉ PUEDO HACER PARA NO PONERME NERVIOSO/A HABLANDO EN PÚBLICO?


Si has llegado a esta entrada esperando encontrar una receta milagrosa para responder a esa pregunta, estás de suerte. Así, sin reservas, te voy a dar 7 de consejos que van a hacer que tus nervios al hablar en público se esfumen:

1.      Ensayar.
2.      Ensayar.
3.      Ensayar.
4.      Ensayar
5.      Ensayar.
6.      Ensayar.
7.      Ensayar.

Es posible que ahora te sientas un poco decepcionado/a y pienses “sabía yo que esto tendría truco”. Te animo a que sigas leyendo porque no te estoy mintiendo. Ensayar y seguir ensayando es una de las claves fundamentales no solo para perder los nervios, sino para hacer una presentación de calidad y que resulte de interés para la audiencia, ¿Por qué?

  •        Favorece la memorización de todos los contenidos de tu presentación. Cuando puedes recordar con facilidad el contenido de tu presentación hasta el punto de que se vuelve automático, recordar lo que ibas a decir ya no es algo de lo que te tengas que preocupar. De esta manera puedes prestar más atención al énfasis que haces en determinadas partes de tu discurso o a como realizas las transiciones de una parte a otra.
  •        Permite identificar qué partes o palabras te cuestan más. Este es uno de los grandes miedos a la hora de hablar en público: “¿y si me atasco en esta palabra?”, “¿Y si en esta parte me lío?”. Ser capaz de responder a esas preguntas antes del gran día, de nuevo te ayudará a ganar seguridad.
  •        Te ayuda a darte cuenta de que sabes hacerlo. Nunca te permitas subir al escenario con la duda de ¿Sabré hacerlo? Tener la experiencia de haberlo hecho te dará seguridad y los pensamientos negativos sobre cómo lo vas a hacer seguramente sean menos creíbles y menos frecuentes. Todo ello facilitará que experimentes menos ansiedad.
  •        Te permite improvisar. A veces se escucha aquello de “yo no me preparo este discurso, se me da bien improvisar”. Sin embargo, esto es una mala idea ya que lo que harás durante la puesta en escena será probar cosas que quizá tengan el efecto que quieres o quizá no. Tras varios ensayos y un conocimiento óptimo del tema, podrás plantearte improvisar porque ya tendrás medido y estudiado tu discurso y podrás discernir con mayor criterio que improvisaciones pueden aportar algo a lo que estás diciendo.

Si sigues leyendo hasta aquí espero haber compensado la posible decepción del principio de la entrada. Efectivamente, ensayar es una buena idea, pero ¿cómo empiezo a ensayar?

  1.                 Construye tu discurso y léelo en voz alta.
  2.                Estúdialo para memorizarlo y grábate recitando el discurso.
  3.          Anota aquellas cosas que te gustaría mejorar y vuélvete a grabar hasta que estés satisfecho/a   con el resultado.
  4.              Ensayalo con gente de confianza y pídeles que te ayuden a mejorar. Estos comentarios pueden ser muy valiosos, ya que será una audiencia y no tú mismo quien juzgará tu puesta en escena.

Después de todo este proceso llegará el gran día y, sin duda alguna, estarás algo nervioso/a. ¡Esto es completamente normal e incluso útil! Has dedicado esfuerzo y preparación en algo que te importa, y quieres que las cosas salgan bien ¿Quién no estaría nervioso? Ponernos nerviosos/as no está en nuestra mano. Aumentar las posibilidades de hacer una gran presentación, definitivamente sí.


jFotografía: Karen Serrano, con licencia Creative Commons.


¿Te ha resultado útil? ¿Se te ocurren otros trucos para hablar en público sin miedo? Nos encantará leerlos en los comentarios.

Eduardo Alonso – Terapeuta

Bibliografía recomendada
Ballenato, G. (2006). Hablar en público. Arte y técnica de la oratoria. Madrid: Ediciones Pirámide.




lunes, 27 de noviembre de 2017

Cómo afrontar el desempleo y sobrevivir en el intento

“Suena el despertador, como cada día de cada mes desde que estás en tu trabajo. Te consigues levantar tras posponer la alarma cinco minutos más como de costumbre y piensas en el café de cada mañana para mantenerte despierto, pero esta vez no para ir al trabajo, sino para un nuevo día sin éste, y lo primero que piensas es ¿cómo voy a afrontar el día de hoy?”

Es bien conocido por todos que la situación laboral es compleja, primero por la cantidad de empleo ofertado que determina la elevada tasa de desempleo, y segundo por la calidad del empleo disponible, que lleva al subempleo: empleo con un puesto inferior a tu formación, inestabilidad marcada por contratos temporales y  precarias condiciones salariales.

El desempleo afecta actualmente a todas las generaciones pero especialmente a dos: a los jóvenes que estando cualificados no encuentran empleo y no pueden independizarse, y a las personas de mediana edad, que tras ser despedidas de sus trabajos habituales tienen problemas por su edad para superar un proceso de selección, pero son aún jóvenes para jubilarse.

¿Qué efectos genera en las personas no encontrar su primer empleo o perderlo?
Destacamos dos: afectación a nivel económico y afectación a nivel psicológico, generando sentimientos de insatisfacción con la vida actual, dificultad para manejar la incertidumbre de cómo va a evolucionar la situación, sentimientos de inseguridad, desorganización de la rutina diaria, sentimientos de fracaso, etc.


Esto es algo que la literatura y el mundo cinematográfico ha reflejado de forma muy certera. Un ejemplo es la película titulada The Company Men protagonizada por Ben Affleck que muestra cómo el protagonista se enfrenta a la pérdida de su empleo, y cómo logra aprender de esta situación, valorando otros aspectos que había dejado de lado por haber estado centrado en su trabajo.

Fotografía: Ann Kerwin, con licencia Creative Commons.

¿Qué puede ayudarnos a enfrentar la búsqueda de un empleo?

·     Fijarse una rutina diaria: parece obvio, pero no lo es. Alguien que pierde su trabajo contaba con una rutina fija, y ahora se encuentra con tiempo libre que puede resultar difícil de manejar. Fijar qué tiempo le vas a dedicar a buscar empleo, a horas de formación, a hacer deporte o quedar con los amigos, puede ayudar a mantenerte proactivo.
·     Plantearte nuevos proyectos: puede ser un buena oportunidad para replantearte qué cosas te gustan y que no has tenido el momento de reflexionar con calma: ¿Te gustaría continuar formándote?, ¿te gustaría hacer un voluntariado fuera de tu país?, ¿irte al extranjero a mejorar un idioma?, ¿atreverte a un proyecto laboral que siempre has tenido en la cabeza? Una vez que tengas esto el siguiente paso es un plan de acción para llevarlo a cabo.
      Además, pensar en que tienes varias alternativas que te pueden atraer te da más control para manejar la situación.
·     Fijarse un protocolo de búsqueda de empleo: dedicar un tiempo fijo para buscar ofertas, actualizar tu información formativa, informar a tu familia y a posibles contactos que puedan comunicarte propuestas, y movilizarse. En este punto pueden aparecer pensamientos que dificulten la búsqueda, si es así el siguiente apartado puede resultarte útil.
·     Cuidar lo que me digo a mí mismo: “Paso de buscar trabajo, es imposible, no lo voy a conseguir”, “Todo me va mal en la vida”, “No sé cómo voy a salir de esto”. Esto solo puede llevar a un camino: pensar que la situación no puede cambiar. Es lógico sentirte mal y tener pensamientos que te hagan sentir así, ya que no es fácil enfrentarte a esta situación. Ahora bien esto no puede paralizarte, porque caerías en la trampa de ni si quiera intentarlo, y si no lo intentas entonces está claro que la situación no va a cambiar. El primer paso es identificar estos pensamientos y reajustarlos, para ello puede ayudarte a profundizar en este punto esta entrada que recupero del blog y que habla sobre cómo manejar estos pensamientos: http://psicologia-cpa.blogspot.com.es/2017/03/pensamientos-irracionales-como-graduar.html
·     No perder tu objetivo de vista: realizar un trabajo para el que estás sobrecualificado es una realidad en la que muchas personas se ven envueltas. Esto es necesario para sobrevivir, pero es importante pensar que es algo temporal y a su vez, no dejar de lado cuál es tu meta principal y qué quieres conseguir.
·     Formar parte de un grupo: tu día no solo puede resumirse en buscar trabajo, es importante apoyarse en personas con las que compartir tiempo e intereses. Estar sin trabajo puede ser una buena oportunidad para probar alguna actividad que te atraiga y que antes no podías hacer.

Entendemos que es un tema complejo al que afectan multitud de factores, pero es cierto que si aplicamos algunas pautas podemos enfocar la situación desde una perspectiva que pueda ayudarnos a afrontarla mejor. ¿Y tú, qué haces para afrontar esta situación? Como siempre, os esperamos en los comentarios.    

Elena Ballesteros – Terapeuta del CPA.

Bibliografía recomendada:

-Blanch, J. M. y Cantera, L. (2009). El Malestar en el Empleo Temporal Involuntario. Revista de Psicología del Trabajo y de las Organizaciones25(1), 59-70. 

domingo, 19 de noviembre de 2017

7 ERRORES QUE COMETEN LOS PACIENTES EN TERAPIA

Existe toda una serie de variables que determinan el éxito de una terapia psicológica. La variable que más peso tiene a la hora de determinar un resultado satisfactorio es la relación paciente-terapeuta (hasta un 45%). Sin embargo, no por ello los demás factores son menos importantes. Existen numerosos artículos sobre la transcendencia de la actuación del terapeuta. En cambio, el rol del paciente no ha obtenido el mismo interés por parte de los investigadores, lo cual resulta sorprendente teniendo en cuenta la importancia de éste.

Fotografía: Heather aka Molly, con licencia Creative Commons.

A continuación, presentamos los 7 errores más comunes que cometen los pacientes al acudir a terapia y que pueden dificultar su éxito:  

1.  Falta de motivación – se insiste mucho en el rol activo del paciente y en su compromiso con la terapia ya que, por muy buen profesional que sea el terapeuta y por mucho esfuerzo que haga, si la persona no está dispuesta a colaborar, su trabajo será en vano. El terapeuta guiará el proceso psicoterapéutico, pero será el paciente el que ponga lo aprendido en práctica, aplicando así las estrategias entrenadas durante las sesiones en su día a día. Por eso, la motivación será posiblemente la variable que más peso tenga dentro de las que dependan del paciente e influirá directa o indirectamente sobre los demás factores enumerados a continuación.

2.  No hacer las tareas – es imprescindible que la persona practique lo aprendido con su terapeuta en un contexto natural, en el que realmente aparece el problema (p.e. en su casa, con un grupo de amigos o delante de su jefe). De esta manera, consigue extrapolar lo aprendido en sesión a las situaciones que le cuesta manejar en su vida diaria. Por ello, si el paciente no hace las tareas de manera regular, los avances serán más lentos.

3.  Falta de sinceridad – la relación terapéutica es una relación muy particular y tiene un gran impacto sobre los resultados de la terapia. En ocasiones, algunos pacientes no se muestran sinceros con su terapeuta. A menudo, sobre todo si se trata de un tema socialmente “mal visto” o considerado poco ético, puede hacerlo por el temor de caer mal o ser juzgado. Sin embargo, no hay que olvidar que el terapeuta es un profesional cuyo objetivo no es realizar juicios subjetivos sobre sus pacientes sino actuar de guía en el proceso terapéutico, rol que podrá ejercer de manera mucho más eficaz si cuenta con la información necesaria y lo más veraz posible.

4.  Abandonar la terapia prematuramente – la terapia a menudo resulta ser un proceso largo y costoso, tanto a nivel económico como psicológico. Por eso, algunos pacientes deciden ponerle fin en cuanto observan alguna mejoría, suponiendo que ya han aprendido a gestionar sus problemas. No obstante, existe un efecto de “mejora espontánea” que puede aparecer incluso tras pocas sesiones y que se debe a que la persona percibe que está siendo más activa para solucionar su problema, se vuelve más consciente de los factores que generan y mantienen su malestar y experimenta un claro desahogo al poder compartir sus preocupaciones con un profesional. Sin embargo, esa sensación no significa que la demanda por la que acude a la terapia haya desaparecido. Aunque a corto plazo se encuentre mejor, es posible que todavía no cuente con las estrategias necesarias para hacer frente a las dificultades que le han llevado a buscar ayuda profesional. Es importante confiar en el criterio del terapeuta, que gracias a sus conocimientos y experiencia, sabrá indicarnos el momento oportuno para finalizar la terapia.

5.  No acudir a las sesiones de manera semanal – es un error que suelen cometer pacientes que por sus circunstancias personales tienen limitados recursos como el tiempo o el dinero. La idea es ahorrar dichos recursos acudiendo a la terapia cada 15 días o más. No obstante, la consecución de los objetivos terapéuticos no depende del tiempo (meses, años) que la persona esté en terapia sino del número de sesiones. Realizar una terapia exitosa con sesiones quincenales es posible, no obstante, existe un gran número de estudios que apoyan la eficacia de las sesiones semanales en comparación con otras modalidades.

6.   Llegar impuntual – a todos nos puede surgir un imprevisto que nos impida llegar puntual a un encuentro. No obstante, si esto pasa con frecuencia y el paciente acude a menudo tarde a sesión, se pierde parte del ya de por sí limitado tiempo con el que cuenta el terapeuta para conseguir los objetivos marcados para esa sesión. De esa manera, la terapia se prolongará más de lo necesario, además de dificultar la labor del profesional.

7. Expectativas irreales – esta variable se caracteriza por dos aspectos que podrían entorpecer el éxito de una terapia. Por un lado, en ocasiones los pacientes plantean objetivos poco realistas como cambiar el comportamiento de otra persona, u otros muy generales como “ser feliz”. Por otro lado, siguen vigentes algunos estereotipos acerca del proceso terapéutico: terapia como una charla en un diván durante la cual el profesional da consejos que funcionarán como una “varita mágica” resolviendo nuestros problemas sin que suponga hacer un esfuerzo por nuestra parte. El trabajo del terapeuta consistirá en ajustar dichas expectativas, no obstante, puede resultar beneficioso que la persona haga un trabajo autónomo previo y reflexione acerca de qué es lo que espera solucionar acudiendo a la terapia y cómo se imagina el proceso.

Si estás pensando buscar ayuda psicológica o ya estás dentro de un proceso psicoterapéutico, podría resultarte útil reflexionar sobre las cuestiones abordadas en esta entrada. De esta manera, tendrás la oportunidad de corregir los errores con los que te has sentido identificado y sacar el máximo provecho de la terapia.

Como siempre, ¡esperamos que os resulte de utilidad!

Kaja Chmielowiec - terapeuta del CPA

Bibliografía recomendada:

Santibáñez, P.M., Román, M. F., Lucero, C., Espinoza, A. E., Irribarra, D. E. y Müller, P. A. (2008). Variables Inespecíficas en Psicoterapia. Terapia psicológica, vol. 26, n° 1, 89-98.