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lunes, 27 de octubre de 2014

El arte de doblepensar


Autor de la foto: Bend3r, con licencia creative commons

Entiendo que habrán leído ustedes la fantástica novela en que aparece el término doblepensar, 1984. Si no lo han hecho, vayan inmediatamente a una librería o descarguen en su kindle esta obra maestra.

En la mencionada novela, doblepensar es el término que describe un curioso y llamativo ejercicio cognitivo mediante el que se salvaguarda la integridad psicológica del individuo. Se trata, ni más ni menos, de mantener dos opiniones contrarias simultáneamente; por ejemplo, “guerra es paz, libertad es esclavitud, ignorancia es fuerza”. En este caso, doblepensar es una herramienta del Estado para controlar a la población, haciendo posible lo imposible.

Pensar es un comportamiento que influye fuertemente sobre otras conductas. Por ejemplo, si pienso que llego tarde a una cita me daré prisa y actuaré de manera más acelerada. Si pienso que una calle es poco segura trataré de evitarla. Pensar en lo incómoda que es una silla puede provocar que la sensación de incomodidad sea mayor; y así con infinidad de ejemplos. La forma de pensar puede ser un valioso aliado o un terrible enemigo a la hora de vivir la vida. En ese caso, ¿por qué no aprovechar al máximo esa capacidad?

Hay evidencia empírica (pero, hasta donde yo sé, no experimental) de que doblepensar es perfectamente posible. Hay personas que se molestan mucho si les hacen esperar, pero no se preocupan un ápice en hacer esperar a los demás. Otras maldicen a un conductor que se ha colado en su carril indebidamente en medio de un atasco, pero no dudan un segundo en hacerlo ellos mismos sin sentir culpabilidad alguna ni pensar que están haciendo algo reprobable. Amigos que se quejan de que nunca les llamas pero ellos jamás te llaman a ti, personas que comentan lo sucia que está la calle mientras tiran basura al suelo, quejarse de la gestión de un partido político y votarlo… Seguro que a ustedes se les ocurren mil ejemplos más.

Con esto quiero ilustrar que algo tan extraño y paradójico como doblepensar es posible. Es posible porque el pensamiento es algo maleable y sujeto a modificaciones. Cada persona tiene su manera de entender el mundo y cómo funciona, y es a esta manera a la que me refiero en el artículo. Cómo entiendes el mundo está estrechamente ligado a cómo piensas sobre él, y cómo piensas sobre él puede ser modificado. Por ejemplo, una persona que piensa constantemente en las desgracias que ocurren y que sufre consecuentemente, podría aprender a pensar de otra manera y tener una vida más feliz. Las desgracias no dejarán de ocurrir, pero no por ello tiene que condenarse a una vida de tristeza. La forma en que pensamos no está escrita en el código genético; no hay un gen del pensamiento obsesivo, ni del pensamiento positivo, ni de ninguna clase. Las famosas etapas que postula Piaget (edad a la que un individuo alcanza un tipo de pensamiento, como formal o lógico) no se cumplen en muchas ocasiones, restando peso a la idea de que el pensamiento es una especie de proceso madurativo como, por ejemplo, los caracteres sexuales secundarios. Aprendemos a pensar de maneras determinadas según nuestra relación con el entorno, y es una noticia excelente; ya que, como decía, se puede cambiar para mejor. No estamos sujetos a la tiranía de la genética.

En psicología clínica a menudo tratamos a personas con problemas en su forma de pensar. “Pienso que no valgo para nada”, “creo que nunca podré ser feliz”, “siempre tengo que hacer las cosas perfectas”, “si no obtengo matrícula de honor en todas las asignaturas soy un fracaso”, “si mi pareja me quiere tengo que aguantar todo lo que me haga”, “hay una única persona con la que estoy destinado a encontrar el amor”… Todos ellos son ejemplos de formas de pensar que provocan más problemas que soluciones a la hora de enfrentarse al mundo. Estas personas que deciden acudir a un psicólogo han dado un primer y muy importante paso en la dirección correcta. Un buen psicólogo podrá, si detecta problemas en la forma de pensar, poner en marcha un tratamiento para que el individuo aprenda a pensar de otra manera, más adecuada y adaptativa

Retomando la idea que describía al principio, el Estado de 1984 obliga al individuo a pensar de una manera determinada. El psicólogo ofrece un cambio, con la connivencia del individuo, mediante el que se consigue una vida psicológica más saludable. Recuérdenlo, por si lo necesitaran en el futuro.

Autor: Manuel García Tabuyo, terapeuta en el CPA.

Referencias:

Orwell, G. (2013). 1984. Debolsillo.

Calero, A. (2009). Análisis de la interacción entre terapeuta y cliente durante la aplicación de la técnica de reestructuración cognitiva. Tesis, Facultad de Psicología, UAM.

1 comentario:

  1. El pensamiento nos viene dado por patrones de redes neuronales que se formaron en el vientre de la madre. Los pensamientos que circulan por nuestra mente son automáticos, nos vienen dados, simplemente los contemplamos pasar, y cuando creemos que hemos pensado o decidido algo, nuestro cerebro ya lo había hecho previamente.

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