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miércoles, 5 de abril de 2017

La preocupación: una compañera indeseable

La preocupación nos acompaña en muchos momentos de nuestra vida. Está con nosotros el día que no podemos dormir antes de un examen muy importante imaginándonos todo lo que podría irnos mal y nos acompaña cuando nuestro hijo sale con sus amigos y no dejamos de pensar en los peligros con los que puede encontrarse.

Solemos entenderla como algo natural o incluso deseable: “¿Cómo no voy a preocuparme si es un examen tan importante? Entonces sería un/a irresponsable”. Puede ser que incluso hayas presenciado cómo se cuestiona el amor que alguien siente por otra persona por no estar preocupado: “¿De verdad no te preocupa que se haya ido tan lejos?, ¿Y si le pasa algo?” Estos comentarios pueden parecernos completamente lógicos pero, ¿es la preocupación una estrategia realmente efectiva?

Imagen: Marco Colín, con licencia Creative Commons.
¿Para qué sirve preocuparse?

Antes de responder a esa pregunta, es necesario hacer una distinción muy importante: preocuparse no es lo mismo que hacer planes de futuro. Estudiar para el examen que tienes la semana que viene no es preocuparse, y tampoco lo es explicarle a tu hijo cómo debe reaccionar en caso de que le ocurra algún peligro. La diferencia con la preocupación es que en este caso estás haciendo algo que puede hacer que tu futuro sea mejor, estás actuando. Sin embargo, cuando te preocupas no estás haciendo nada más, solo pensar en lo mal que te pueden salir las cosas.  Por ello, preocuparse no sirve para NADA y, además, tiene muchos efectos negativos en nuestra vida a los que es posible que no estés prestando atención.

Efectos de la preocupación:
  1. Te aleja del momento presente. Si pasas tu tiempo paralizado por tus preocupaciones no te quedará tiempo para vivir lo que hay a tu alrededor, pasar tiempo con tu familia y disfrutar de lo que te gusta.
  2. Te inmoviliza. Esto significa que cuanto más te preocupes, más pasivo/a serás. Entre otras cosas, porque muchas de las cuestiones que nos preocupan suelen estar fuera de nuestro control. Esto significa que hagas lo que hagas y te preocupes lo que te preocupes no podrás cambiar nada ni serás capaz de evitar esos grandes desastres que temes. Además, como habrá muchas actividades que te preocupen y te parecerán demasiado arriesgadas como para probarlas, también te impedirá probarlas y ponerte en marcha.
  3. Aumenta tu nivel de estrés, tu ansiedad y te hace sentir mal. Quizás ya hayas sufrido alguno de sus efectos: insomnio, miedo, úlceras, dolores de cabeza, etc. y habrás podido comprobar que no resultan agradables.
  4. En conclusión, la preocupación impide que vivas tu vida de la manera en la que te gustaría hacerlo y no te permite disfrutar de las cosas buenas pensando en las cosas malas que pueden ocurrir en el futuro.
Entonces, ¿cómo hacer frente a la preocupación?, ¿qué puedes hacer para evitar esos efectos desagradables? A continuación te presentamos algunas pautas que pueden resultar de utilidad si has decidido libertarte de la preocupación.

Pautas para enfrentarte a las preocupaciones:
  1. Haz una lista de preocupaciones. Apunta todas las cosas que te han preocupado a lo largo de tu vida y valora si preocuparte fue una forma útil de afrontar tus problemas. Analiza también si alguna de las cosas que te preocupaban llegaron a hacerse realidad y si realmente fueron tan negativas como te las habías imaginado.
  2. No te dejes arrastrar por tu preocupación. Puede ser muy tentador pensar y darle vueltas a las preocupaciones que te vienen a la cabeza, pero antes de hacerlo pregúntate a ti mismo si preocuparte por ello va a suponer alguna diferencia o va a cambiar algo. Si la respuesta a esta pregunta es no, no merece la pena perder tu tiempo y tu energía en seguir pensando en ello.
  3. Toma distancia con lo que te preocupa y analízalo: ¿Cómo de probable es que ocurra eso que temes?, ¿Hay otras cosas que pueden ocurrir?, ¿Hay alguna que sea más probable que la que te estás imaginando? Incluso en caso de que ocurriera eso que temes: ¿Sería realmente tan grave como te imaginas?, ¿Cuáles podrían ser sus consecuencias reales?, ¿Podrías hacer algo para minimizar las consecuencias negativas?
  4. Reserva un momento del día para preocuparte. Establece un momento del día que dedicarás en exclusiva a preocuparte, pueden ser 15 minutos por la mañana y 15 minutos por la tarde o un único periodo más largo. Si las preocupaciones pasan por tu cabeza en otros momentos del día, no te ocupes de ellas en el momento y posponlo para más tarde. Puedes apuntarlas para que no te olvides de dedicarles un tiempo a cada una de ellas. Cuando llegue tu tiempo para preocuparte, utilízalo para pensar en todo lo que puede salir mal. Posteriormente podrás ir reduciendo tu tiempo de preocupación hasta eliminarlo completamente de tu vida.
  5. El mejor antídoto para la preocupación es la acción. Vive el momento presente, disfruta de lo que haces, haz planes, relaciónate, sal de casa e incluso, ¡atrévete a enfrentarte a las situaciones que te dan miedo y que llevas tanto tiempo evitando por las preocupaciones! Será la mejor manera de darte cuenta de que lo que tanto temes no tiene por qué ocurrir. Además, podrás comprobar todo lo que puedes disfrutar si te das el permiso de dejarte llevar, vivir en el presente y no malgastarlo sufriendo por el futuro.
Si a pesar de poner en marcha estas estrategias no eres capaz de manejar tus preocupaciones y sientes que toman el control de tu vida, no dudes en solicitar ayuda psicológica. En el CPA podemos ayudarte.

Artículo redactado por Isabel Jurkowska, terapeuta del CPA.

Referencias:
  • Dyer, W. W. (1993). Tus zonas erróneas. Barcelona: Grijalbo.

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